14 de junio de 2019





El legado de Mujercitas. Construcción de un clásico en disputa
Anne Boyd Rioux
Buenos Aires, Scripta Manent, septiembre de 2018
364 páginas



Resulta hoy oportuno este estudio sobre la célebre novela de Louise May Alcott, que en 1868 planteó el tema de la evolución de la mujer de la infancia a la adultez, y su lugar en el mundo. Las Mujercitas–Meg, Jo, Amy y Beth- han constituido distintos modelos femeninos, y este libro investiga la influencia que han ejercido en la vida de diversas generaciones femeninas hasta hoy. Sobre todo Jo March -alter ego de la autora-, rebelde, independiente, quien sueña vivir de su literatura en momentos en que la mujer sólo tenía el matrimonio por destino, es con quien se han identificado escritoras y activistas como Cynthia Ozick, Norah Ephron, Stephenie Meyer, J.K.Rowling o Joyce Carol Oates, algunas quienes han tomado elementos de la obra para construir sus propios personajes. A la exitosa primera parte de las mujercitas adolescentes le siguió una segunda con el destino férreo del matrimonio, forzado por los editores. Sin embargo, Alcott introdujo matices al diseñar cuatro personalidades que se labran sus propias vidas, y una madre que las cría sola, en una sociedad patriarcal.

Rioux reseña la novela y su genealogía, las versiones que tuvo en cine y teatro, sus ecos en secuelas y obras derivadas, y su permanencia como lectura juvenil. Mujercitas siempre ha suscitado la polémica: si es un clásico nostálgico y conservador, que enseña a las niñas a comportarse según ciertos códigos sociales,  o si contiene la semilla de los movimientos feministas; si es realista o sentimental. Porque no se trata de un libro unívoco: contiene múltiples matices, ambigüedades, abre conflictos, tensiones que son las propias de la mujer.

Josefina Sartora
(Nota publicada en Le Monde Diplomatique, Nº 236, febrero de 2019)

5 de junio de 2019

¿Es la melancolía un patrimonio de la juventud?


De nuevo otra vez
Dirección y guión: Romina Paula
Argentina/2019

Josefina Sartora


A Romina Paula le gustan los adverbios, las construcciones circunstanciales. De nuevo otra vez se presenta como un espejo de su novela Acá todavía, y tal vez el título de la película remita a las circunstancias que narraba la novela, al estado de indecisión, de parálisis que atravesaba la protagonista, reiterado en este film. Algunos la ven como la continuación de aquella novela. Si en ella el impasse se producía al quedar embarazada, ahora el hijo ya tiene unos tres años, y se instala con su madre en casa de su abuela. La madre (Romina Paula, detrás y siempre delante de la cámara) atraviesa una crisis en su matrimonio y en su identidad, su pareja ha quedado en Córdoba y ella se toma un tiempo para ordenarse y descubrir su verdadero deseo, que “anda suelto como bola sin manija”.


Basada en un apoyo documental, Paula construye una ficción. Como en su novela, es fuerte el peso de lo autobiográfico: la película abre con las fotos familiares, con los miembros de la familia en distintas situaciones, que se reiterarán en el film. Por otro lado, ella regresa a su casa familiar real, la madre en la ficción  es su madre real (Mónica Rank), y Ramón es su hijo. Todos los momentos familiares bordean lo documental: la madre de formación germánica habla a su nietito en alemán, reiterando conductas que seguramente tuviera con sus hijos, en un peculiar vínculo con el idioma. Teniendo el apoyo incondicional de su madre, la protagonista –innominada- se permite suspender las contradicciones propias de la maternidad y probar momentos de libertad, indagar en la soltería, volver a frecuentar a sus amigas, probar nuevas experiencias. Aunque ninguna la deje del todo satisfecha. Y si en la novela la protagonista partía desde la homosexualidad y llegaba a la maternidad, aquí acaso recorra el camino inverso.

Artista talentosa y multifacética, actriz, novelista, dramaturga, directora (acabamos de ver su performance en la Bienal 19), en su opera prima cinematográfica se rodea de conocidos: Esteban Bigliardi la acompañó en algunas películas de Matías Piñeiro, actuó en su obra Fauna y participó de la puesta de su Cimarrón en el teatro Cervantes junto a Denise Groesman, presente también en la película. Mariana Chaud es dramaturga y directora, además de actriz.


Las obras de Paula tienen un fuerte costado conceptual, que no falta en el film y en este caso constituye tal vez su lado más débil, en una película que tiene su fuerza. Los personajes son filmados frontalmente mientras desarrollan un discurso sobre distintas ideas acerca de la naturaleza y la ciudad, el deseo, la maternidad, la condición de la mujer, la nueva juventud, siempre sobre la posibilidad de un nuevo orden. Fuertemente autorreferencial, algo melancólica, la historia trasciende sin embargo lo individual para devenir reflejo de la problemática de toda su generación, de la gente de clase media intelectual que atraviesa la crisis de los cuarenta, que cuestiona las elecciones hechas, y encuentra más preguntas que respuestas. Como en sus obras anteriores, no hay certezas para esa mujer dubitativa, que atraviesa un umbral más, sin saber qué hay del otro lado.

4 de junio de 2019


Performances en la BP 19

Josefina Sartora

Acabó la Bienal de Performance 19, que en cada edición presenta valiosas propuestas internacionales y de creación local del arte de la performance. Siempre bajo la dirección de la incansable Graciela Casabé, este año tuvo un fuerte lado conceptual. Desde el primer día, con la obra de apertura, Last Spring de Gisèle Vienne a la que ya nos hemos referido aquí.


La obra que trajo Romeo Castellucci, Ethica. Natura e origine della mente, que se presentó en el teatro Coliseo en conjunto con el ciclo Italia in scena, está basada en el pensamiento de Baruch Spinoza. En el ámbito del escenario del Coliseo, una mujer cuelga de un cable, muy por arriba de las cabezas del público, que observa, curioso, la performance. En el suelo, un perro enorme, negro, se pasea o se posa mientras de su interior parece salir una voz que dialoga con la mujer. Los temas: la imagen, la luz, el público, la representación, la mente. Mientras conversan, a través de una figura recortada en el tabique del fondo circulan mujeres que progresivamente van despojándose de sus túnicas hasta la desnudez, y terminan en una figura negra siniestra. Una obra inquietante y sugerente, que terminará de evolucionar en el mente del espectador.


Ente los espectáculos locales, la polifacética Romina Paula presentó Caminantes, en el Centro Cultural Recoleta. Un grupo de mujeres camina alrededor de el Patio de los Naranjos. El público asiste sentado en reposeras bajo un cielo gris. Las mujeres leen en voz alta, avanzan, sólo se detienen brevemente cuando cada una de ellas termina su texto. Algunas de ellas son destacadas actrices, como Agustina Muñoz, Pilar Gamboa o Mariana Chaud. Otras menos famosas, algunas niñas. Cada mujer lee un texto de alguna escritora, referidos a la condición femenina: Sara Gallardo, Marosa de Giorgio, Hebe Uhart, Emily Dickinson son algunas de las autoras. En ocasiones, las lectoras invitan a alguien del público a acompañarlas en su travesía. Una performance muy significativa, en pleno auge del feminismo y de las manifestaciones públicas femeninas.

Frente a al poder del texto, hubo dos propuestas que apelaron a la participación del público, que debió poner su cuerpo y vivenciar la performance. El actor y director Lisandro Rodríguez invitó a los participantes a un viaje en moto. El invitado decidía su destino, pero el viaje se hacía con los ojos vendados, generando una sensación diferente, en algunos casos atemorizante, en todos excitante. Julián D’Angiolillo por su parte, guió una caminata por el Parque Rivadavia, tan vapuleado y degradado últimamente.

Foto gentileza Andrés Manrique

En sus tres ediciones, la Bienal ha traído propuestas novedosas, arriesgadas, en las que pesa el cariz de lo efímero. El cierre estuvo acorde con la propuesta. La actriz Maricel Álvarez –programadora de la BP 19- junto a Emilio García Wehbi y su grupo La Columna Durruti presentaron Vida y muerte del concepto clásico de utilidad. En la sala Imán se inaugura una exposición colectiva. Es algo raro: son reproducciones de famosos artistas plásticos: Marcos López, Liliana Porter, Roberto Jacoby, Marta Minujin, entre otros. Después de los vinos, Álvarez realiza una lectura performática de un texto de García Wehbi. En un tomo muy teatral, expone de manera irónica, corrosiva, la modalidad actual del arte, los vicios del mercado, el snobismo del medio, la indecencia de los valores, en fin, una crítica política y social al estado de situación del arte como mercancía. No deja títere con cabeza, desde los artistas hasta los coleccionistas, pasando por galeristas curadores y todos los que convierten el arte contemporáneo en una estafa. Tras la desopilante actuación, todo el equipo se aboca enmascarado, excitado, a destruir todas y cada una de las piezas exhibidas al son de una música estridente, en un maremágnum infernal, hasta hacerlas añicos, trizas, jirones. No ha terminado todo entonces: el discurso continúa con la propuesta de lo que debe ser un arte para todos, y a continuación se realiza un remate de lotes armados con una selección de restos de obras. 

Foto gentileza Andrés Manrique

La performance –única, irrepetible, que pudo caer pesada para algunos- cumplió con los criterios de este arte, iconoclasta, transformador de los parámetros artísticos convencionales. Resulta inevitable el recuerdo de los happenings que se practicaban en los ’60: la evocada sombra de Minujin sobrevolaba ese galpón de Chacarita.

24 de mayo de 2019

Rock del otro lado


Leto
Dirección: Kirill Serebrennikov
Guión: Kirill Serebrennikov, Mikhail Vidov, Lili Idova, Ivan Kapitonov, basado en las memorias de Natalia Naumenko
Rusia-Francia/2018

Josefina Sartora


Celebramos el estreno de Leto (Verano, pero estrenada con su título original, el de una famosa canción), una rara avis en las carteleras argentinas. Rara, en principio, por ser el primer estreno proveniente de Rusia en 2019. Rara, también, por su tema: se trata de un film sobre el rock ruso, en la Leningrado de los años ’80, desde una mirada actual.

Aunque no muy conocidos en Argentina, los personajes son reales: Mike Naumenko (Roman Bilyk) lideraba Zoopark, una prominente banda de rock muy inspirada en la música occidental, de grupos como Velvet Underground, los Beatles, Bowie, The Doors, Lou Reed. Eran épocas del vinilo, y también de Brezhnev, de censura en las letras de las canciones, de públicos muy moderados por la presencia de vigilancia implacable en los auditorios del Partido. Serebrennikov elige una alta cuota de ironía para mostrar la célebre censura soviética. Esa juventud vivía el rock como su forma de expresión, su rebeldía pero también su exilio interior, en una vital comunidad. Ellos son los primeros emergentes de un cambio que se agudizaría hasta derivar diez años más tarde en la caída de la Unión Soviética.

A esa comunidad llega un nuevo cantante, Viktor Tsoi (Teo Yoo), un músico con ancestros coreanos, con su propia banda, admiradores de Mike, quien los apadrina y lanza a la fama. Mike vive con su mujer Natasha (una radiante Irina Starshembaum) y su bebé en un departamento comunal, y no tarda en crearse un trío amoroso, tan franco como platónico. Posteriormente Viktor y su trío crecerán hasta devenir más importantes o famosos que su mentor: Kinó, la banda más admirada de Rusia.


Primer estreno de Serebrennikov (El estudiante, Traición) en Argentina, solo visto hasta ahora en el Bafici, su film irradia melancolía, y no solo por el impecable, prístino blanco y negro de Vladislav Opelyants que evoca la mejor tradición fotográfica del cine de Europa del Este. Basada en las memorias de Natalia Naumenko, Leto evoca una época pasada, la de su juventud, recreada con gran fidelidad desde la madurez y en su encierro por oponerse a las políticas de Putin. Serebrennikov terminó de editarla durante su prisión domiciliaria, y no pudo acudir a su estreno en Cannes 2018 ni en Moscú. Su cuadro trasciende el nudo de la juventud rusa de los ’80 y podría expandirse a la de toda la época. El film incluye tomas en Súper 8 en color, y segmentos alucinantes con animación y grafías, con versiones de algunos clásicos de entonces y de siempre. Que pueden resultar demasiadas, sí, pero allí están para los apasionados del rock. Hay un personaje que en reiteradas ocasiones exhibe un cartel o dice con mirada a cámara “Nada de esto ocurrió”, poniendo en evidencia el dispositivo, cuestionando la verosimilitud de la historia, entre la realidad y el artificio.